El orinal de Napoleón: Propaganda y "Fake News"

Napoleón exigía que sus grandes victorias fueran “consagradas” en pinturas, cada una de ellas gestionada hasta el último detalle por el refinado comisario de cultura de Francia, Dominique Vivant, Barón Denon, director del Louvre y principal Brand manager del emperador, su jefe, al que llamaba “el héroe de nuestro siglo”—un elogio que sin duda estaba más fundado en el instinto de supervivencia que en la mera adulación.

Reseña: "Política y trascendencia en Ernst Jünger, 1920-1934", de Joaquín Fermandois

Los preparativos bélicos—y la guerra misma—arrancan al individuo de la languidez de la civilización y lo sumergen de súbito en la vitalidad de la cultura. Así, el encapsulamiento individual se rompe y el individuo se fusiona en una unidad mayor, en algo que lo incorpora y lo trasciende, y los individuos, como átomos dispersos, se fusionan ahora en un solo cuerpo. Se constituye, en definitiva, una nueva unidad: en palabras de Jünger, “un único cuerpo, grande y henchido de entusiasmo”.

¿Qué fue Mario Góngora?

La mente de Góngora se despliega de muchas maneras, con intensidad y profundidad persistentes. Tradicionalista, conservador, comunista, nietzscheano, spengleriano, meineckeano, nacionalista, anti-liberal, anti-positivista; todas esas notas permiten dar cuenta de algún aspecto de su pensamiento. Ninguna de ellas lo agota.

Reseña: "Una arquitectura cualquiera | Urbanismo de excepción", de Camillo Boano

¿Qué implica la inoperatividad? ¿Concierne realmente a la disciplina de la arquitectura? De ningún modo debe entenderse como un sinónimo de inactividad, quietismo o de apraxia. Se trata de una práctica liberada, curiosamente, de la realización de cualquier telos o tarea específica: una neutralización de las fuerzas productivas. La inoperancia sería entonces aquella actividad que no es productiva, pero que aun así corresponde radicalmente a nuestras facultades políticas, mucho más incluso que el trabajo sometido a un orden hegemónico.

Mejores versiones de lo mismo

Si a Ariadna la épica homérica la dio por muerta, fue la historia la que la hizo sobrevivir. Se trata de uno de los “mitos” más comentados y reelaborados por distintos géneros literarios, los que acabaron transmutando el original, al punto que hubo quienes se la tomaron tan en serio la mutación como para hacerla sobrevivir, primero como mero relato y luego como escritura.

Definiendo lo demoníaco

El Dictionnaire infernal, lejos de ser un residuo arcaico, nos recuerda que, en último término, las definidas distinciones entre antigüedad y modernidad significan poco. El nuestro siempre ha sido, y siempre será, un mundo poblado por demonios.