Reseña: “Im Schatten des Ost-West-Konflikts”, de Tomás Villarroel Heinrich

Reseña: “Im Schatten des Ost-West-Konflikts”, de Tomás Villarroel Heinrich

 
General Wilhelm Heye, jefe del alto mando (izquierda), con el General Inspector Díaz (derecha) a bordo del vapor "Stuttgart",  autor desconocido, julio de 1929

General Wilhelm Heye, jefe del alto mando (izquierda), con el General Inspector Díaz (derecha) a bordo del vapor "Stuttgart", autor desconocido, julio de 1929

Las relaciones entre Chile y Alemania han sido desde siempre un tema que ha atraído la curiosidad académica y política. Esto sucede tanto en Chile como en Alemania, aunque en este último caso la atención se atenúa al confundirse con América Latina. Contribuyó a la atención chilena el resultado de la Guerra del Pacífico y el apelativo forzado pero efectivo de Chile como “la Prusia de América del Sur”. Alemania fue un fenómeno novedoso en la segunda mitad del XIX y es natural que produjera la emulación de Estados que ahora tenían que vérselas con la modernización. Fue también el caso de Turquía y Japón con relación a Alemania. Además, la inmigración alemana ha sido la mejor considerada en la imagen general del país. Las guerras mundiales acentuaron el debate sobre la reacción ante Berlín, si bien principalmente como reflejo de ecos mundiales. Chile junto con Argentina fueron los países más reticentes en romper con Alemania en ambos conflictos, lo que atrajo más interés acerca del papel de las relaciones alemanas para comprender el comportamiento externo, e incluso interno, de ambos países.

El surgimiento de la República Federal de Alemania fue otro fenómeno de la post-guerra. Paralelamente, tanto en la literatura sobre Chile y la Segunda Guerra Mundial como en algunos debates públicos en Chile se aludiría a la relación con la Alemania nazi con una relativa simpatía, o se establecería la pregunta de por qué Chile rompió relaciones “tan tarde” con el Eje. Complicó esta pregunta el surgimiento paralelo de la República Democrática Alemana, la que tras una década comenzó a constituirse en paradigma para algunos sectores políticos de Chile, una posición que ganaría fuerza por un tiempo. En realidad ambas formaban un arco que tenía correspondencia con el desarrollo político y cultural de Chile. Eran paradigmas de las posibilidades de evolución global, el corazón de los años de la Guerra Fría. Sin embargo, las relaciones vitales entre Chile—Estado y sociedad—con la República de Bonn son las que han estado en el centro de la atención. A raíz de la espectacularidad que tuvo la instalación del gobierno de Salvador Allende y la atención crítica que concentró el régimen de Augusto Pinochet, hubo un verdadero mar de información y análisis (incluidas algunas tesis doctorales) pero hasta hace pocos años escasa literatura que pudiera ser objeto de consulta. Es de saludarse entonces la aparición de libros de acabada investigación acerca las relaciones de Chile con la Alemania Occidental y también la Alemania Oriental en la década de los cincuenta y sesenta.[1]

Hace casi 20 años inicié una serie de investigaciones monográficas sobre las relaciones entre Alemania Occidental y Chile, donde de modo algo colateral traté los vínculos con el régimen del Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA). Mi propósito era culminar en una obra mayor sobre las relaciones entre Chile y Bonn, pero me dejé estar y nuevas generaciones han aportado un punto de referencia insoslayable. A los concienzudos trabajos de Georg Dufner e Inga Emmerling se agrega ahora el de Tomás Villarroel.[2] Desde fuera parecen converger en el tema, pero Dufner se concentra de manera más específica en el tema de la Guerra Fría y más de la mitad de su libro se dedica al periodo de fines de los sesenta hasta el año 1980; esta última fecha en algunos sentidos constituye un punto divisorio.

Embajada chilena en Alemania.  Fotografía de Egon Steiner, 6 de mayo de 1960

Embajada chilena en Alemania. Fotografía de Egon Steiner, 6 de mayo de 1960

Tomás Villarroel ofrece un estudio abrumadoramente basado en fuentes y en un examen riguroso de toda la literatura, lo mismo que fue el caso de Dufner; ambos libros provienen de sendas tesis doctorales. Villarroel se concentra en lo político y cultural, con un foco en la década de 1950, aunque, como es inevitable, se detiene hacia el final largamente en la recepción de la Democracia Cristiana chilena y en la primera fase del gobierno de Frei. Quizás no queda tan claro porqué escoge 1966 como punto final en el tiempo y no el decisivo año 1970. El trabajo es más fuerte—agota casi todo lo existente, no quedando piedra sin levantar en archivos—en fuentes alemanas que chilenas. Largas páginas excelentemente documentadas están dedicadas a la apreciación de Bonn sobre el Chile político y su posición internacional, así como a los vínculos con la colonia y las organizaciones alemanas radicadas en Chile. Se da la explicable ironía que diplomáticos, que fueron funcionarios del Tercer Reich, ahora tenían que explicar y hasta imponer a la colonia la idea de la nueva legitimidad y del cambio sustancial—radical me atrevería a decir, aunque algunos lo pongan en duda para los años de Konrad Adenauer—de la posición ante el pasado y lo que significaba en las nuevas orientaciones alemanas. La pugna por la bandera fue todo un hecho  político-cultural de entreguerras y en Chile vuelve a reproducirse después de 1945: o la bandera imperial o la republicana de 1848; ahora la diplomacia alemana se decide por imponer a rajatabla la bandera republicana, lo que no había sido el caso desde 1918.

También aparecen las evaluaciones chilenas sobre Alemania, casi siempre muy admirativas—sospecho que la posterior seducción en los sesenta de la izquierda chilena con el régimen comunista del PSUA se vincula con un antiguo entusiasmo de los chilenos con Alemania—, pero luego girarían al afán de obtener ayuda de Bonn, que aprecia el entusiasmo chileno y aprecia a Chile. Sus objetivos centrales, aparte de la colonia, eran apoyar a EE.UU. en la contención del comunismo y combatir toda pretensión del régimen comunista por lograr poner un pie diplomático en Chile (y en América Latina en general). En esto, la investigación de Villarroel es muy prolija y muestra la alarma de Bonn por el vigor creciente de la izquierda chilena e incluso por las vacilaciones ocasionales de sus estrechos aliados, los democratacristianos chilenos.

En efecto, este es todo un capítulo bastante amplio en la tesis. A contracorriente—aunque adelantado a retazos por algunos de nosotros y otro próximo a aparecer—, muestra la relación de identidad entre ambos sectores políticos chilenos, no sin asomos de temor por parte de Bonn, en especial del Ministerio de Relaciones Exteriores (AA). Ayudar a un partido, sobre todo a ganar elecciones, es mucho más fácil y económico que ayudar a un país en su camino al desarrollo. Pero en Chile desde fines de los 1930 se instaló otra expectativa: que habría una ayuda masiva para el desarrollo, que llegaría la solución a los males del país. Ello se refleja en la investigación de Villarroel, en especial en la parte dedicada al gobierno de Eduardo Frei Montalva. Punto culminante fue el viaje de Frei a la Alemania Occidental, donde recibió mucho aliento político, pero donde la esperada ayuda fue bastante parca, quejándose los chilenos que fue menor a la que se otorgó al gobierno de Jorge Alessandri. Con amargura el mismo Frei lo dice frente a las promesas que le habría hecho el Canciller Ludwig Erhard un par de años antes si era electo presidente, alabando de paso con expresivas palabras el apoyo de Estados Unidos a su administración mientras la alemana no había sido tan alentadora (“befriedigend”, según el protocolo de la reunión). No fue muy diferente a lo que encontró en Francia y en Inglaterra, pero se esperaba otra cosa de la próspera Alemania y del gobierno de un partido hermano. Bonn, por su parte, recibía peticiones de todos los rincones del mundo.

Discurso de Patricio Aylwin en el vigesimosegundo congreso de la CDU alemana en Hamburgo.  Fotografía de Engelbert Reineke, noviembre de 1973

Discurso de Patricio Aylwin en el vigesimosegundo congreso de la CDU alemana en Hamburgo. Fotografía de Engelbert Reineke, noviembre de 1973

El libro pone como cierre el año 1966. Después, las cosas comenzarían a cambiar tanto en Alemania como en Chile. Entre ambos períodos hay continuidades pero también discontinuidades, sobre todo en relación a la Guerra Fría (no solo como confrontación de superpotencias) y sus efectos en la cultura política de las sociedades de Chile y Alemania. Hay temas que no aparecen mencionados, como el de Walter Rauff o el de Colonia Dignidad. El primero—el único caso de un criminal nazi relativamente prominente arribado a Chile—sería un tema de controversia entre los gobiernos a comienzos de los 1980: antes fue solo un caso judicial. Colonia Dignidad comenzaría a ser conocida como un sitio extraño recién en 1965 y 1966: el debate sobre la misma y la evidencia de ilegalidades y crímenes fue algo posterior.

Se trata de una monografía que debería llamar la atención no solo de los especialistas en relaciones chileno-alemanas. Este tipo de estudios es útil para quienes desean entender la cotidianeidad de las relaciones internacionales en su más íntima sustancia, además de ser una pieza clave del entramado de los años de la Guerra Fría.

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[1] Para una historia general desde el siglo XIX de diversos autores, con capítulos en alemán o en castellano, Georg Dufner, Joaquín Fermandois, Stefan Rinke, eds., Deutschland und Chile, 1850 bis zur Gegenwart: ein Handbuch (Stuttgart: Verlag Hans-Dieter Heinz, Akademischer Verlag, 2016).

[2] Georg Dufner, Partner im Kalten Krieg. Die politischen Beziehungen zwischen der Bundesrepublik Deutschland und Chile (Frankfurt/New york: Campus Verlag, 2014); Inga Emmerling, Die DDR und Chile. Aussenpolitik, Aussenhandel und Solidarität (1960-1989) (Berlin: Ch. Links Verlag, 2013).

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Im Schatten des Ost-West-Konflikts.
Tomás Villarroel Heinrich
Nomos
2017

 
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