Reseña: “Los sonámbulos”, de Arthur Koestler

Reseña: “Los sonámbulos”, de Arthur Koestler

 
Mapa cósmico según el modelo geocéntrico,   de Bartolomeu Velho, 1568

Mapa cósmico según el modelo geocéntrico, de Bartolomeu Velho, 1568

En la actualidad, la marea académica fluye con fuerza en la dirección de la especialización. El campo intelectual está dividido en "territorios", cuyos límites son vigilados celosamente. Pero algunos temas se resisten a la profesionalización y continúan siendo fructíferos para el "generalista", el hombre con una formación amplia y balanceada, en lugar de una más concentrada, estrecha; la historia de la ciencia es un ejemplo notable.

Un historiador de la ciencia plenamente calificado sería un Hércules intelectual. Adquirir todas las calificaciones necesarias en el plazo de una vida es, de hecho, humanamente imposible. Siendo así, aún es posible para un aficionado que tenga suficiente sentido de la proporción y de la importancia y que esté preparado para ir a las fuentes originales con una mente desprejuiciada, contribuir con algo valioso y original sobre el tema—especialmente si ha tenido una educación científica. Arthur Koestler, quien es más conocido como novelista político, se dedicó a la historia de la astronomía con esa ventaja: fue un científico por formación, y comenzó su carrera como escritor de ciencia para una importante cadena de periódicos alemanes en los días anteriores a Hitler. Este libro, que cubre el desarrollo de la teoría planetaria hasta la época de Newton, ha sido recibido con una mezcla de irritación y respeto. Ha puesto furiosos a algunos historiadores profesionales de la ciencia; éstos, sin embargo, han sido principalmente aquellos que carecían de un entrenamiento científico. Otros lo han encontrado una obra emocionante, estimulante e imaginativa. Y ambas reacciones son de hecho bastante justificadas. Hay mucho desperdicio en el libro, pero también hay vigas de sólido roble intelectual, por lo que debemos agradecer la atención apasionada y perceptiva de Koestler a los problemas intelectuales abordados por sus figuras principales.

El libro tiene varias partes, de longitud y mérito desiguales. El sólido trabajo de primera mano y las percepciones profundas están confinados a la sección central y más larga. Leyendo la obra, uno tiene la impresión de que el autor originalmente planeó escribir una biografía de Kepler, pero que su cuadro se amplió a medida que trabajaba hasta tal punto que terminó por sentirse obligado a volver a los griegos e incluso antes. Al escribir sobre Kepler y sus compañeros y predecesores inmediatos, Koestler tuvo el cuidado de trabajar extensamente sobre los textos originales. Como resultado, él presenta muchos de los problemas intelectuales involucrados en un enfoque admirablemente nítido—para dar un ejemplo, el rol desempeñado por la idée fixe de Kepler de los sólidos platónicos en promover el desarrollo de sus ideas más duraderas. (Koestler también destaca, con mucha justicia, la aparición de la anima motrix de Kepler en la primera edición del Mysterium Cosmographicum, antes de su reunión con Tycho.)

Creación  (detalle), de Giusto de Menabuoi, 1376-1378

Creación (detalle), de Giusto de Menabuoi, 1376-1378

En su capítulo sobre Copérnico, por otra parte, él llama la atención sobre la interesante disparidad entre la promesa hecha por Copérnico en el Commentariolus, de que haría todo lo que Ptolomeo hubiera hecho alguna vez usando solo treinta y cuatro círculos, y su efectiva realización en el De Revolutionibus, donde usa más bien cincuenta. Esta disparidad a menudo ha sido pasada por alto por los eruditos, y Koestler subraya este hecho en una imprudente exhibición de una recién descubierta erudición. Aún así, el punto es importante, y los historiadores reseñistas de Koestler no tienen razón en descartarlo como una tediosa búsqueda de epiciclos. Pues proporciona evidencia de que el pensamiento de Copérnico se desarrolló en dos etapas distintas. Al tiempo del Commentariolus, él se sentía atraído por el sistema heliocéntrico o heliostático por (entre otras cosas) la simplicidad que parecía prometer; cuando intentó que esta promesa fuera cumplida, y llevar a cabo en detalle todos los cálculos planetarios necesarios para igualar el logro de Ptolomeo, se vio conducido a las mismas complejidades (ecuaciones aparte) que habían atormentado a Ptolomeo: al final, el sol ya no era ni siquiera el centro geométrico de las órbitas planetarias. Una vez que se aprecia el punto de Koestler, se vuelve más claro por qué los astrónomos profesionales de la época dudaron durante tanto tiempo en adoptar su nuevo enfoque revolucionario.

Esta sección del libro de Koestler, entonces, debería ser lectura imprescindible para cualquiera interesado en el desarrollo de la astronomía en los siglos anteriores a Newton. Sin embargo, incluso aquí hay un fuerte indicio de novela histórica. Koestler severamente sobretrabaja sus fuentes en búsqueda del "interés humano". Como resultado, sus héroes salen no sólo con sus verrugas, sino también con sus neurosis magnificadas. Su reconstrucción detallada de la "neurotogenia" de Kepler probablemente sólo ha sido superada por el psicoanálisis de Berkeley de J.O. Wisdom. Con todo, si uno puede separar al Koestler erudito del Koestler novelista, hay mucho que obtener incluso de sus estampas de los grandes astrónomos como individuos excéntricos.

Este retrato de grupo central de cuatro grandes pensadores del Renacimiento está enmarcado por dos secciones más breves, que son de calidad muy inferior. Al principio, hay un recuento introductorio del pensamiento cosmológico antes de Copérnico; al final, está el apasionado sermón al cual (parece) los retratos están destinados a servir como ilustraciones. En cuanto a las introducciones, muy lejos de haber trabajado con los textos originales, Koestler incluso se las arregla para escribir sobre astronomía babilónica sin hacer uso de las obras indispensables de Neugebauer; y, para el período griego, recopila un extraordinario revoltijo de anacronismos y prejuicios de tercera mano. Al admirar a Pitágoras como precursor de Kepler, comparte todo el irreflexivo veneno de Sarton contra Platón y agrega a esto un igual desprecio por Aristóteles. De nuevo, al rechazar las especulaciones heliocéntricas de Aristarco, los griegos habrían demostrado (desde su punto de vista) la desastrosa influencia de la "filosofía" sobre la "ciencia". Él no enfrenta seriamente la cuestión de cuál era realmente el equilibrio de evidencia científica y argumentos disponibles en esa época.

Página del  Códex Leicester,  de Leonardo Da Vinci, c. 1500

Página del Códex Leicester, de Leonardo Da Vinci, c. 1500

La conclusión que presenta al final del libro es que la ciencia moderna está intentando con excesivo esfuerzo ser racional. Los científicos estuvieron en su mejor momento cuando se permitieron comportarse como "sonámbulos", en lugar de tratar demasiado fervorosamente de raciocinar. Kepler para él es el sonámbulo supremo, a pesar del hecho de que tanto Peirce como Hanson usan la perspectiva de Kepler—es decir, que incluso el descubrimiento científico tiene una "lógica" propia, aunque esta puede no ser ni la deducción clásica ni la inducción de libro de texto. La influencia de esta aproximación "sobreintelectualista" a la naturaleza ha sido, a los ojos de Koestler, moralmente destructiva: los "gigantes intelectuales" de los tiempos modernos han sido "enanos morales".

Este punto de vista, por supuesto, le habría dado a Sarton una apoplejía; ciertamente, distrae la atención de quienes lo siguen de los méritos intelectuales de la exposición de Koestler. Tampoco presenta un caso que sea muy satisfactorio. Se puede simpatizar con Koestler como un "generalista" que se entromete en la historia de la ciencia y admirar la labor de primera mano que ha hecho respecto de Kepler y sus colegas; sin embargo, el argumento de esta tesis central es mezquino. Cuando Sarton intentó mostrar a todos los Grandes Nombres de la ciencia como caballeros en brillantes armaduras, su entusiasmo lo llevó a una especie bastante torpe de exageración. La contraexageración de Koestler le parecerá a muchas personas aún más caprichosa; para cualquier intento de ver el desarrollo de la tradición científica en su verdadera perspectiva es ciertamente irrelevante.

Los sonámbulos
Arthur Koestler
Hueders
2018

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Traducción de Patricio Tapia. Artículo publicado originalmente en The Journal of Philosophy 59-18 (30 de agosto de 1962). Se publica con la gentil autorización de la viuda del profesor Toulmin.

 
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