Sobre la traición en Dante a partir de una sugerencia de Pound

Sobre la traición en Dante a partir de una sugerencia de Pound

 
Codex Altonensis, Folio 48v,  siglo XIV

Codex Altonensis, Folio 48v, siglo XIV

…Perché cotanto in noi ti specchi? [1]

Inferno, XXXII, 54

En una nota a modo de sextante en su Guía de la Kultura, Ezra Pound recomienda unos pocos libros como medida para conocer la fuerza de los demás. Entre estos resalta para “la vida del espíritu” el título Divina Comedia.

Que sean libros para medir la fuerza significa, en principio, que sirven como baremo para comparar otros. Sin embargo, para el autor no sólo los libros entran en juego a propósito de la obra de Dante. En los hechos, también realiza una reflexión ética a partir de la estructura y medida de las penas en el infierno. Su aporte sobrepasa la mera crítica literaria y llega, incluso, a la crítica social. Por lo tanto, desde una perspectiva poundiana que resalta siempre su naturaleza social, la lectura de este clásico implica mucho más que la comprensión del texto. Por eso Pound hace la nota “a modo de sextante”, como si la indicación de estos libros y su contenido informaran al lector sobre una posición, un lugar.

Esto último se observa cuando resalta una y otra vez que todo allí huele a dinero. Pero se aprecia más cuando extrapola su lectura de Dante al siglo XX. Y en especial cuando, respecto al canto vigesimosegundo del Infierno, Pound entiende baro como traidor de la confianza pública y no como aquel que se “apropia de los navíos en el mar”. Aunque el campo semántico del primero es más amplio, para el autor es más preciso usarlo así que limitar su sentido arbitrariamente a lo segundo. Mediante este ejercicio de traducción, Pound se permite usar tal categoría como un dardo dirigido a multimillonarios y políticos a modo de crítica en su esfuerzo por llevar la poesía a la esfera de lo público.

Es justamente en este espacio público en donde el valor de una obra se muestra como un baremo mucho más poderoso para ejercer una labor crítica. Extrapolar la ética dantesca para reflexionar sobre nuestro presente (¿hay acaso otro espacio para la crítica que no refiera a la contemporaneidad, a la simultaneidad de lo que no es simultáneo?) tal como hizo Pound con Dante: porque en el infierno se encuentra una reflexión que no deja de ser actual, construida a partir de juicios sobre el pasado y el presente, sobre la carne y la ficción y elaborada con la fuerza de las palabras que Dante robó de las bocas de sus contemporáneos.

Ejecución de Girolamo Savonarola,  de Filippo Dolciati, 1498

Ejecución de Girolamo Savonarola, de Filippo Dolciati, 1498

Bajo estas premisas quiero exponer el problema del castigo de la traición a la confianza pública, en particular de aquellas donde el ataque contra la confianza es cometido desde la confianza: su conditio sine qua non. Es una fractura que viene desde dentro y por lo mismo no se advierte hasta que se ha trizado irreversiblemente la superficie: las grietas son profundas.

Este parece ser el sentido que uno encuentra de la traición hacia el final del Infierno más que en la traducción que hace Pound de baro—porque para que haya traición tiene que haber confianza y en los barattieri, tal como en los aduladores, simoniacos, hipócritas etc., no se confía. Distinguir esta característica es importante porque hay delitos que reúnen las características de otro, pero que por cometerse bajo traición merecen para Dante el peor lugar del infierno.

El caso de los abusadores y agresores sexuales que actúan bajo traición es particularmente interesante de analizar a propósito de estas consideraciones debido a que son difíciles de clasificar. En principio, se podría pensar bajo terminología cristiana que son lujuriosos, pecadores incontinentes por excesivo amor a los placeres carnales; pero el segundo círculo del infierno está lleno de amantes que consintieron cada beso, a pesar de cometer adulterio como es el caso de Paolo y Francesca. Aunque la descripción de amor que se encuentra en este círculo puede tener diferencias con aquel que mueve a Dante hacia Beatriz, el poeta llega a sentir de igual modo tanta compasión que como cuerpo muerto cae. En consecuencia, esta categoría no sirve para clasificar este caso.

Por otra parte, estos sujetos también podrían ser considerados dentro de los delitos violentos contra el prójimo o de aquellos delitos fraudulentos cometidos por quienes no se confía como los seductores y otros. Pero en estos se pasa por alto la traición cometida por aquel en quien se confía, que es diferente del delito cometido por aquellas personas que no son confiables. En otras palabras, en estos delitos no hay una relación previa como la que se tiene con los parientes, la patria, los huéspedes o los benefactores que haya generado confianza en las personas, presupuesto de toda traición.

Por medieval que parezca considerar la traición como el peor de los delitos, su castigo siempre revela un grado de protección a la confianza depositada en los otros, tanto como el grado de miedo en una sociedad. ¿Se teme o se confía frente a los otros? ¿Se corresponde un saludo extraño, se acepta ingresar a la casa u oficina de un conocido? Aunque un abuso implique un daño de otro tipo que resulta siempre terrible y personal, como una experiencia traumática difícil de comunicar a los demás, cuando este ocurre con traición implica siempre un problema adicional: tiene un manto de protección que lo oculta socialmente.

Xilografía para Infierno, canto 34,  de Petrus de Plasiis, 1491

Xilografía para Infierno, canto 34, de Petrus de Plasiis, 1491

Ahora bien, dejando de lado, aparentemente, el ejemplo de quienes se aprovechan de situaciones de confianza y poder para satisfacer sus propios deseos sexuales a traición de los deseos del otro, a traición de la consideración de ese otro como un igual, ¿qué castigo elige Dante? Los traidores en el infierno están en el noveno y último circulo, en un lago congelado por el batir de alas luciferinas. Sus cuerpos están en el hielo de distinta forma según el delito: algunos tienen sus torsos o sus cabezas fuera del hielo; mientras otros se encuentran completamente congelados en lo profundo de Cocito. 

Como se ve en la representación de Cornelis Galle, están castigados al hielo y a una suerte de exposición como si sus cuerpos estuvieran detenidos en gelatina para estar expuestos tal como son. Sus corazones y sus intenciones se muestran fácilmente a los demás porque el hielo parece un vidrio por su transparencia:

Por lo que me volví y vi delante
Y bajo mis pies un lago que su hielo
tenía de vidrio y no de agua el semblante

(Inferno, XXXII, 22-24) [2]

En esta suerte de vitrina, los pecadores inclinan sus cabezas contra el hielo y llevan lágrimas congeladas en sus rostros; tienen los corazones tristes y las mandíbulas no cesan de hacer del frío un sonido. Están congelados porque lo requerían para traicionar y romper la confianza; pero también porque el hielo, signo de aislamiento y soledad, es el castigo para aquellos en quienes al cabo no se puede confiar: sin confianza no es posible que haya auténticas relaciones entre las personas. Son tales las consecuencias del acto de traicionar, que estos no quieren ser nombrados, no quieren ser vistos y por eso Dante los expone con violencia y sin piedad:

Cada uno tenía al suelo la cara;
Por boca, frío; y por ojos, corazón triste:
De ellos los testimonios se apreciaban.
Cuando estaba en torno a cuanto he visto,
Volví a mis pies y vi ahí a dos tan enfrente
Que el pelo de ambos fue entonces uno mismo
“Díganme, ustedes que oprimen sus pechos”,
Dije yo, “¿qué hicieron? y doblaron sus cuellos,
Y después que vi las caras a mí erguidas,
Sus ojos, que eran antes por dentro blandos,
Gotearon hasta los labios, y el hielo astringe
Las lágrimas de ellos y los re-cerró.

(Infierno, XXXII, 37-48) [3]

El castigo que da Dante a los traidores es muy diferente de otros asociados al fuego y otras formas de calor y movimiento; es peor. No es extraño que el autor, como personaje de su historia, no deje de sentir rabia contra estos hombres; y que algunos de estos pecadores declaren haber perdido el alma al traicionar y haber sido gobernados por demonios hasta que la vida de sus cuerpos llegó al final. En este sentido, el hielo tiene su particular precisión en la riqueza semántica que Dante reitera al explorar el frío en sus diferentes manifestaciones, al mencionar la transparencia, la separación, la falta de movimiento que permite observar con detenimiento aquello que se oculta en la actividad, etc. Cada palabra, más que describir un espacio, dota de sentido al castigo escogido que es equivalente al delito. El que rompe la confianza merece la desconfianza, y ello implica la exposición y al mismo tiempo la soledad; en suma, el hielo.

Finalmente, de vuelta con la sugerencia poundiana de entender la Commedia como baremo de valor y fuerza, como un sextante, ¿qué se pone en juego? ¿por qué se castiga tan duramente la traición? ¿qué valor tiene una comunidad que en vez de exponerla la oculta? La respuesta que supone una tarea actual de la comunidad sólo puede ser respondida, por ahora, con el epígrafe de esta lectura, que son las palabras que espetan a Dante los traidores cuando este los mira y recorre la morada de sus castigos: ¿por qué los miramos con tanto celo? O, extrapolando o devolviendo sus matices a la relación entre specchi (que queda reducido en las traducciones, habitualmente, al acto de observar) con specchio (espejo), ¿por qué reflejarnos con tanto celo en los ojos de aquel que se define como traidor y merece el hielo?

*

[1] ¿Por qué tanto en nos te reflejas? La edición italiana empleada es la de Adriano Salani de 1929. La traducción de los pasajes es propia.

[2] Per ch’io mi volsi, e vidimi davante | E sotto i piedi un lago che per gelo | Avea di vetro e non d’acqua sembiante

[3] Ognuna in giù tenea volta la faccia; | da bocca il freddo, e da li occhi il cor tristo | tra lor testimonianza si procaccia. || Quand’io m’ebbi dintorno alquanto visto, | volsimi a’ piedi, e vidi due sì stretti, | che ’l pel del capo avieno insieme misto. || ‘Ditemi, voi che sì strignete i petti’, | diss’io, ‘chi siete?’. E quei piegaro i colli; | e poi ch’ebber li visi a me eretti, || li occhi lor, ch’eran pria pur dentro molli, | gocciar su per le labbra, e ’l gelo strinse | le lagrime tra essi e riserrolli.

 
Reseña: “Los sonámbulos”, de Arthur Koestler

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Prólogo a “Escritos (1966-2016)”, de Joseph Kosuth

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